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Las haciendas de olivar

Las haciendas son conjuntos arquitectónicos situados en la campiña, construidos fundamentalmente entre los siglos XVI y XIX, constituidos por edificaciones articuladas en torno a uno o más patios, con una superficie construida que puede oscilar de los 1.000 a los 10.000 M2.

Destinados originariamente a la producción de aceite, hoy en día están siendo utilizadas con fines turísticos, recreativos y residenciales. Tradicionalmente las haciendas estaban ubicadas en grandes extensiones de olivar. Actualmente, estas edificaciones pueden encontrarse con o sin terreno a su alrededor. En el entorno de Sevilla llegaron a contabilizarse más de 300 haciendas de olivar, muchas de las cuales han desaparecido.

En las haciendas coexisten la arquitectura señorial o culta y la arquitectura popular, de una forma integrada. Arquitectura culta, representada por el señorío, que albergaba el uso de segunda residencia temporal del propietario, y arquitectura popular vinculada a la explotación de la tierra, del olivar y a otras funciones agrícolas y ganaderas.
 
Son los patios, tanto los de labor como los que albergan usos residenciales, los que desempeñan una función estructurante en el conjunto de las construcciones, entre las cuales encontramos naves de molino, silos, señoríos, cuadras, capilla, gañanía, herrería. Todos estos elementos, patios, jardines y construcciones, configuran edificaciones cerradas que constituyen conjuntos arquitectónicos ricos y amplios, de una belleza singular.
 
Hablar de cortijos, haciendas y lagares es hablar de Andalucía, ya que ha encontrado su sustento secularmente en la agricultura y la ganadería. Hoy en día la estructura económico social ha sufrido una diversificación, pero aún perviven señas de identidad de la Andalucía rural, y la principal de esas señas es la arquitectura. Cortijos, lagares, molinos, caserías y casas de viña, constituyen un valioso patrimonio cultural y arquitectónico.