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Los cortijos

Los cortijos son construcciones agrarias enclavadas en la campiña y en los llanos, destinados a cubrir las necesidades constructivas de las grandes extensiones de fincas dedicadas al cultivo de cereal, si bien igualmente suelen albergar usos ganaderos.

Las construcciones que integran el cortijo se articulan en torno a grandes patios, y albergan usos de residencia (de los propietarios, del personal al servicio de la finca y del personal que temporalmente acudía a reforzar para la realización de las tareas temporales de cosecha), de usos agrícolas relacionados con la producción de cereal y de usos ganaderos.

Estas construcciones responden a una vocación decididamente funcional, con un lenguaje más rústico, por lo que constituyen una arquitectura menos “culta” o refinada que la hacienda de olivar. Tampoco poseen elementos tan complejos o tecnológicos como los molinos de las haciendas.

Su carácter aislado, alejado de los núcleos urbanos y su austeridad constructiva, carentes de elementos ornamentales refinados, los convierte en los conjuntos arquitectónicos tradicionales del medio rural andaluz, verdaderos hitos en el paisaje.

La mecanización del campo ha ido contribuyendo a la sustitución de la ganadería de apoyo a las tareas agrarias por grandes máquinas recolectoras, lo que ha generado el desuso de las piezas vinculadas a la ganadería, provocando su abandono y destrucción y la construcción de grandes naves para albergar la maquinaria.

No obstante,  estos conjuntos edificatorios sobreviven a pesar de las dificultades que atraviesa la economía rural, pero al encontrarse más alejados de las grandes poblaciones, muchos de ellos no han encontrado el auxilio económico que aporta el turismo o las celebraciones y eventos.