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Edificaciones singulares en la Sierra de Aracena

La Sierra de Aracena, situada al norte de la provincia de Huelva, y al oeste de la Provincia de Sevilla, declarada Parque Natural, es una de las mayores extensiones forestales de Europa. La comarca tiene una bajísima densidad de población (13 habitantes/ km2). En ella se ubican 29 municipios de una singular belleza. Muchos de ellos han sido declarados Conjunto Histórico-Artístico por el extraordinario grado de conservación que presentan.
 
Las poblaciones más singulares de esta sierra son, entre otras Alajar, Linares de la Sierra, Castaño del Robledo, Valdelarco, Fuenteheridos, Galaroza, Almonaster la Real y Aracena, que es el municipio más importante, cabecera de la comarca. Estas poblaciones oscilan entre los 300 y los 500 habitantes, salvo Aracena que tiene una población de 7.000 habitantes.
 
La arquitectura popular tradicional conserva edificaciones de los siglos XVIII y XIX, y se conjuga con la impecable conservación del ambiente urbano, en el que destacan las calles sin acerados, empedradas, con dibujos geométricos y figurativos.
 
Las casas están construidas con muros de piedra o tapial encalados en blanco, techumbres de madera y cubiertas de teja árabe. Bajo la cubierta se ubica el “doblao”, una cámara diáfana que, además de regular la temperatura actuando como cámara aislante, era tradicionalmente usada para almacenar los productos de la huerta y para secar los jamones y chacinas. Los muros, de gran espesor, confieren un gran aislamiento térmico a las edificaciones. En la parte trasera de la casa, se encuentra el patio o corral, convertido en jardín en muchos casos. Las casas señoriales de estas poblaciones cuentan con construcciones accesorias como cuadras, lagares, silos, etc.
           
En estas poblaciones, junto a la arquitectura más modesta, podemos encontrar edificaciones singulares como casas palaciegas, molinos, cillas, etc., con superficies que oscilan entre los 100 M2 y los 500 M2. Pero también de gran interés son las edificaciones existentes en el campo como molinos, zarzos, casa-montes y cortijos, edificios en muchos casos abandonados por sus propietarios, insertos en fincas con encinas, alcornoques, castaños, robles o huertas, constituyen el rico patrimonio edificatorio del medio rural.